BATALLA DE OTUMBA. 7 de Julio de 1520

La milagrosa épica de Hernán Cortes: 400 españoles y Santiago Apóstol contra 100.000 aztecas.

«Prácticamente todos, hasta los más acérrimos enemigos de Cortés, están de acuerdo en afirmar que el golpe de audacia de éste resultó definitivo para el desenlace de la batalla»

Una importante motivación de los conquistadores del Nuevo Mundo fue la búsqueda de oro. Eso hizo que el gobernado de Cuba, Diego Velázquez, enviase una expedición a las costas de México para explorar la zona. Las noticias de una floreciente civilización (maya y mexica) así como el oro que trajo Juan de Grijalva fueron argumento suficiente para que el gobernador diera rienda suelta a su codicia y armase un nuevo contingente para hacerse con aquellas tierras.

Al frente del mismo situó a Hernán Cortés, aunque las relaciones entre ambos se situaban al limite. Tan es así que, poco antes de partir, Diego Velázquez cambió de parecer y decidió apresar a Hernán Cortés. Este, alertado de las intenciones de su rival, partió de inmediato, logrando escapar a México con 400 de sus hombres.

Hernán Cortés

Su destino era Tenochtitlán, capital de los mexicas. Por el camino no le fue difícil ganarse el apoyo de algunas tribus, ni tampoco someter a otras menos amistosas. Sin embargo, la llegada inesperada de la expedición comandada por Pánfilo de Narváez a Veracruz alteró el avance que habían logrado los conquistadores de Cortés. Narváez tenía órdenes específicas de Diego Velázquez de Cuéllar para capturar a Cortés y llevarlo de vuelta a Cuba en calidad de prisionero, pero este decidió enfrentar personalmente a su adversario sorprendiéndolo para después convencer a sus tropas de anexarse a sus planes de conquista.

600 españoles y cerca de 900 tlaxcaltecas fallecieron durante la huida o bien fueron apresados para satisfacer la interminable sed de sacrificios humanos de los aztecas.

Antes de partir a Veracruz, Cortés dejó a Pedro de Alvarado al mando de los españoles que quedaron en México-Tenochtitlan. En esos días, los mexicas celebraban el ritual del mes «tóxcatl». Los testimonios indígenas señalan que, durante el desarrollo de la fiesta, los españoles cerraron las entradas del recinto del Templo Mayor y atacaron a los mexicas. estos quedaron atónitos ante el ataque, una vez repuestos se organizaron para responder al ataque de los españoles y sus aliados tlaxcaltecas, quienes no tuvieron más remedio que refugiarse en el palacio de Axayácatl.

Mapa de la capital azteca, Tenochtitlén, elaborado en 1524

Cuando Cortés regresó de Veracruz, con parte del ejército de Narváez y más aliados tlaxcaltecas se encontró con la penosa situación de los españoles hostigados por los mexicas. Considerando la superioridad numérica y la falta de abasto de alimentos, Cortés no tuvo más alternativa que organizar una fuga, la cual se llevó a cabo bajo llovizna, durante la noche del 30 de junio y la madrugada del 1 de julio de 1520, la denominada «Noche Triste».

600 españoles y cerca de 900 tlaxcaltecas fallecieron durante la huida o bien fueron apresados para satisfacer la interminable sed de sacrificios humanos de los aztecas. La mayor parte de los caballos murieron (solo veinte caballos quedaron con vida) todos los cañones se perdieron y los arcabuces quedaron arruinados con la pólvora mojada. Durante seis días el ejército español marchó sin rumbo fijo con las huestes aztecas a su espalda. No obstante, la fortuna fue propicia para los españoles, puesto que los aztecas se entretuvieron festejando la victoria y conduciendo a los prisioneros hacia los altares con parsimoniosa ceremonia.

Ruta de escape de los españoles hacia Tlaxcala tras la Noche Triste

El sábado 7 de julio de 1520, la huida ya no fue una opción. Un gran contingente de guerreros mexicas y sus aliados de Tlalnepantla, Cuautitlán,Tenayuca, Otumba y Cuautlalpan alcanzaron a los españoles en los llanos de Temalcatitlan. La cifra de aztecas allí congregado fue cerca de 100000 guerreros frente a unos 400 españoles y 3000 indígenas aliados.

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Sabedores de que los mexicas siempre sacrificaban a sus prisioneros, los españoles sobrevivientes, pero en su mayoría heridos, varios mastines y no más de un centenar de aliados tlaxcaltecas en las mismas condiciones, se decidieron a luchar o morir.

Entonces comenzó una intensa batalla en que los españoles y sus aliados resistieron durante horas en una lucha cuerpo a cuerpo, intercambiando flechas por disparos de ballesta.

Los mexicas no sabían de la estrategia bélica ni de los planteamientos tácticos propios de los ejércitos europeos. La intención de los mexicas no era matar a los españoles sino capturarlos para luego sacrificarlos. Por esta razón, cuando Matlatzincatzin vio que los españoles eran pocos, ordenó a sus hombres que los rodearan. Hernán Cortés pronto se percató de la intención de los aztecas y ordenó a la tropa española formar un círculo colocando a los piqueros en la parte exterior del mismo para ir repeliendo los ataques.

Desarrollo de la batalla

Entonces comenzó una intensa batalla en que los españoles y sus aliados resistieron durante horas en una lucha cuerpo a cuerpo, intercambiando flechas por disparos de ballesta. La infantería española mantenía la posición cerrada, soportando las embestidas de los mexicas, utilizando sus picas, espadas y bien protegidos por sus corazas y rodelas. Las cargas se iban sucediendo pero la infantería, aun con dificultades, aguantaba.

Finalmente, fueron los jinetes castellanos encabezados por el propio Cortés los primeros en arremeter contra la marea, sorprendiendo a los aztecas. La fuerza de la galopada les introdujo en mitad del ejército enemigo antes de retroceder ordenadamente. El extremeño y su caballería repitió este movimiento, carga y huida, una y otra vez, mientras la infantería española recibía las primeras acometidas furiosas.

Desarrollo de la batalla

Pese a las exitosas incursiones de la caballería, la desproporción de fuerzas causó que la infantería formada por españoles y tlaxcaltecas comenzara a retroceder lentamente. Cortés comunicó a sus hombres más cercanos un plan. Por sus aliados tlaxcaltecas supo que matar al cihuacóatl (Jefe militar) y obtener su estandarte real decidía batallas entre los mesoamericanos, así que propuso realizar una carga de caballería para romper el cerco y llegar al cerro donde se encontraba Matlatzincatzin, el jefe militar de los mexicas.

Cargas de los españoles

Así, al grito de «Santiago y cierra España», Cortés se abrió pasó junto a cinco jinetes (Pedro de Alvarado, Alonso de Ávila, Cristóbal de Olid, Rodrigo de Sandoval y Juan de Salamanca) en dirección al jefe militar azteca. Según una leyenda que surgió poco después de la batalla, el Apóstol Santiago, patrón de España, también secundó a caballo la carga casi suicida.

El cihuacóatl vestía un traje de negro de pies a cabeza, con enormes garras en sus pies y manos y un yelmo imitando el aspecto de una serpiente. Pese a su aspecto tétrico, Cortés no tembló en derribarlo y Juan de Salamanca en darle el golpe final antes de apoderarse de su estandarte. Cuando los guerreros de la Triple Alianza vieron a los jinetes castellanos enarbolar el estandarte de su general, dieron la batalla por perdida y comenzaron ellos entonces una desesperada huida hacia Tenochtitlán.

Con la victoria ya consumida, los conquistadores pasaron la noche en Apan y llegaron el 8 de julio a los territorios tlaxcaltecas, sus aliados, donde descansaron y se recompusieron.
Cortés y sus hombres descansaron veinte días en Tlaxcala, una vez sellado un pacto de mutuo acuerdo con los tlaxcaltecas, mandó traer la artillería y armamento que habían dejado en Veracruz. Los conquistadores reanudaron sus actividades militares de conquista, las cuales se extendieron por más de un año. El 13 de agosto de 1521 sería conquistada la ciudad de México-Tenochtitlan.

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FRANCISCO HERNÁNDEZ VARGAS

Almeriense de raíces granadinas, soy diplomado en turismo con especialización en equipos de venta y marketing además de un amante de la historia.

Revenue Manager de profesión, soy autor y director de la web batallasdehispania.com. He especializado mi trabajo de divulgación histórica española mediante charlas y a través de diversos medios de comunicación con la intención de darla a conocer de una forma accesible y entretenida.

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