BATALLA DE EL CANEY, 1 de Julio de 1898

Durante la Guerra de Cuba poco más de 520 maltrechos soldados españoles, bajo el mando del general Vara de Rey, pusieron en jaque a más de 6.000 estadounidenses.

«El valor de los españoles es magnífico. Mientras las granadas estallaban sobre la aldea su número decrecía y decrecía, sus trincheras estaban llenas de muertos y heridos, pero, con una determinación y un valor más allá de todo elogio, resistieron los ataques y, durante 8 horas, mantuvieron a raya a más de 10 veces su número»

Cuando el ejército estadounidense atacó El Caney, no contaba con la figura del general Vara de Rey y con unas tropas tan fieras y aguerridas como las que este tenía bajo su mando.

Nos situamos en la guerra hispano-estadounidense en 1898. Un conflicto armado donde España fue derrotada y sus principales resultados fueron la pérdida por parte de esta de la isla de Cuba (que se proclamó república independiente, pero quedó bajo tutela de Estados Unidos), así como de Puerto Rico, Filipinas y Guam, que pasaron a ser dependencias coloniales de Estados Unidos. Fue durante la guerra de Cuba.
El interés que despertaba Cuba, la perla del Caribe, en Washington D.C se remonta hasta principios del siglo XIX. Ya desde tiempos del presidente Thomas Jefferson el recién nacido país habría realizado infructuosos intentos de comprar la isla. Transacción a la que siempre se dio la negativa por respuesta desde la Península. Fue con la firma del tratado de Ostende de 1850 (realizado por tres embajadores norteamericanos en Europa) que el interés del país por dominar este territorio caribeño se hizo explícito. En este informe se declaraba que la anexión era necesaria para la seguridad de los Estados Unidos, por lo que se debía obligar a España a vendérsela por ciento veinte millones de dólares. De no aceptar España esta fórmula, la isla podría serle arrebatada a cualquier precio.

Definitivamente, a partir de 1895, momento en que Estados Unidos había logrado situarse como potencia económica e industrial, el país norteamericano decidió lanzarse a ocupar aquellos territorios que tenía más a mano, entre los que destacaba la isla de Cuba como prioridad.

Batallas guerra Hispano-Americana en Cuba

Estados Unidos necesitaba una buena excusa para declarar las hostilidades a España por lo que hundieron su propio acorazado «USS Maine» en el puerto de la Habana, acusando a los españoles del ataque y declarándoles la guerra. Hay que recordar que en Cuba ya se estaba librando una guerra entre españoles y cubanos independentistas desde 1895. Estados Unidos entró apoyando a los independentistas.

Restos del USS Maine

El 1 de julio de 1898, los 6500 hombres americanos de la 2.ª División de Lawton (aproximadamente la mitad de los efectivos del V Cuerpo, bajo el letárgico y torpe mando del general William R. Shafter) se aproximaron a la aldea de El Caney, a unos 8 km al noreste de Santiago. La población contaba con apenas un puñado de endebles edificios de piedra y similar número de calles, pero los españoles lo habían convertido junto con sus colinas circundantes en una imponente posición defensiva que aseguraba un acceso estratégico a Santiago.

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La guarnición española se componía de tres compañías de regulares del 1.er batallón del 29.º Regimiento “de la Constitución”, 40 hombres del Regimiento de Santiago y una compañía de guerrillas desmontadas, con dos cañones Plasencia de retrocarga. En total, 520 hombres bajo el mando directo de Vara de Rey.

General Vara de Rey
Tropas españolas con Vara de Rey al frente

La posición escogida por Vara de Rey para dirigir la defensa del enclave fue el fortín «El Viso», una construcción facturada durante la Guerra Grande (1868-1878) y ubicada sobre un montículo. Además, las tropas españolas también contaban con seis blocaos (construcciones defensivas de madera) distribuidos en torno a El Caney: Norte, Río, Asia, Matadero, Izquierdo y Cementerio. Con el fin de dificultar aun más el avance yanqui también cavaron líneas de trincheras, desplegaron alambradas de espino y abrieron aspilleras en las casas y la iglesia.

Fuerte «El Viso» tras la batalla

Comienza el asalto al amanecer. La infantería estadounidense se lanza impetuosa en pos de los defensores. Pero no consiguen vencer la resistencia. Ordena Lawson la entrada en línea de la reserva, y aunque los atacantes llegaron a coronar las alturas de inmediato fueron rechazados; el resto de la tropa movilizada se refugió en el bosque próximo negándose a continuar avanzando sobre ese terreno arduamente defendido.

Artillería americana atacando las defensas españolas

Lawson recurrió a la brigada Miles, con sus 1457 hombres, y prosiguió el ataque a las 12 horas. Y como el anterior, también frenado a cincuenta metros de los blocaos. Por más hombres que Lawton enviara el resultado era siempre el mismo: una carnicería. La cadencia de disparos desde las posiciones hispanas era tan breve que los atacantes apenas habían logrado hacer mella en el poblado.

Trinchera española, disparando a discreción

El general Vara de Rey, aun herido en las dos piernas y habiendo visto morir a sus dos hijos en las trincheras, siguió dirigiendo la lucha que se encaminó a las calles de El Caney.

Un respiro en la batalla permitió a Vara de Rey reorganizar su línea defensiva y hacer preparativos para lo que sería el asalto final y el más sangriento. No llegó ningún refuerzo para socorrer las maltrechas defensas de El Caney y la munición estaba casi agotada. Los estadounidenses se lanzaron en oleadas, una tras otra, directos contra el intenso fuego enemigo. Pero Lawton, empecinado en su propia guerra, furibundo por no poder doblegar a tan exiguos efectivos, ordenó a la brigada Bates, unos 1.100 hombres, que se uniera al ataque entre las tropas de Miles.

Eran las trece horas, pero los españoles aguantaron a base de coraje y descargas voceadas por los oficiales, maximizando los 150 cartuchos de fusil por soldado.
Hasta que a las 16:30 horas, los numerosos restos de las cuatro brigadas, apoyados por las piezas de artillería en constante actividad, coronaron las codiciadas alturas defendidas por un batallón incompleto; aunque la resistencia no decayó.
El general Vara de Rey, aun herido en las dos piernas y habiendo visto morir a sus dos hijos en las trincheras, siguió dirigiendo la lucha que se encaminó a las calles de El Caney.

Vara de Rey alentando a sus hombres a segur combatiendo

Peleando bravamente oficiales y tropa, un disparo acertó en la cabeza del general Vara de Rey, en todo momento alentando a la tropa desde la extrema vanguardia, más una descarga simultánea que acabó con la vida de sus camilleros y de su hermano, el capitán Antonio Vara de Rey, precipitó el final para la heróica guarnición. Eran las 17 horas. Casi doce horas de contínuo sacrificio. Con un centenar de hombres todavía útiles, el teniente coronel Puñet, por una senda que ignoraba el enemigo, logró llegar a Santiago para reforzar aquella guarnición. La obstinada resistencia de El Caney demoró el avance hacia la Loma de San Juan por parte del ejército invasor.

Los hombres de Vara de Rey cumplieron con creces su misión y dieron un ejemplo de lo que una infantería con moral y bien adiestrada es capaz de hacer aún contra fuerzas muy superiores en número. Los estadounidenses tuvieron sorprendentes pérdidas: alrededor de 1000 muertos y 370 heridos frente a las 336 bajas españolas.

El Sargento mayor norteamericano Herbert Howland escribió sobre la batalla: «…El valor de los españoles es magnífico. Mientras las granadas estallaban sobre la aldea o explotaban contra el fuerte de piedra, mientras la granizada de plomo barría las trincheras buscando cada aspillera, cada grieta, cada esquina, los soldados de ese incomparable Vara de Rey, tranquila y deliberadamente, continuaron durante horas alzándose en sus trincheras y arrojando descarga tras descarga contra los atacantes americanos. Su número decrecía y decrecía, sus trincheras estaban llenas de muertos y heridos, pero, con una determinación y un valor más allá de todo elogio, resistieron los ataques y, durante 8 horas, mantuvieron a raya a más de 10 veces su número, de unas tropas americanas tan valientes como nunca recorrieron un campo de batalla…»

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FRANCISCO HERNÁNDEZ VARGAS

Almeriense de raíces granadinas, soy diplomado en turismo con especialización en equipos de venta y marketing además de un amante de la historia.

Revenue Manager de profesión, soy autor y director de la web batallasdehispania.com. He especializado mi trabajo de divulgación histórica española mediante charlas y a través de diversos medios de comunicación con la intención de darla a conocer de una forma accesible y entretenida.

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